Las paradas frente a corrales, terrazas de piedra y cicatrices de antiguos deslizamientos revelan historias que no salen en mapas digitales. Quien escuchó por qué aquí no se pisa en primavera entiende límites sin imponerlos. Aprender de manos arrugadas crea vínculos afectivos que cambian decisiones cotidianas y sostienen compromisos más allá de la visita.
Las paradas frente a corrales, terrazas de piedra y cicatrices de antiguos deslizamientos revelan historias que no salen en mapas digitales. Quien escuchó por qué aquí no se pisa en primavera entiende límites sin imponerlos. Aprender de manos arrugadas crea vínculos afectivos que cambian decisiones cotidianas y sostienen compromisos más allá de la visita.
Las paradas frente a corrales, terrazas de piedra y cicatrices de antiguos deslizamientos revelan historias que no salen en mapas digitales. Quien escuchó por qué aquí no se pisa en primavera entiende límites sin imponerlos. Aprender de manos arrugadas crea vínculos afectivos que cambian decisiones cotidianas y sostienen compromisos más allá de la visita.